Dios es luz; él es fulgor y resplandor de vida, salvación y santidad.
Su gloria brillará por siempre; nada opaca su grandeza, nadie apaga su majestad - las estrellas palidecen ante su esplendor; él es la luz que alumbra en las tinieblas. La ciudad celestial no requiere lámpara ni sol, porque la Gloria del Altísimo lo ilumina todo.
En Su luz, veremos la luz.
Rey de reyes, y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en LUZ inaccesible... (1Ti 6.15-16)