En medio de la adversidad y a pesar de la precariedad, Dios se mantiene como el fiel proveedor de sus hijos. Tener cada día qué comer es motivo de gratitud y recordatorio constante de la misericordia de nuestro Dios para con su pueblo.
¿Hay pan en tu mesa? ¿Hay gratitud en tu alma?
¡Comer es una experiencia religiosa! Cada bocado será un acto de adoración o un desplante de indiferencia ante el gran Dios.