Cristo no dijo que no nos esforcemos por guardar la ley - sino que nos abstengamos de hacerlo para recibir el elogio de la gente o para aparentar una falsa piedad.
Pero el cristiano genuino anhela vivir en obediencia a la ley de Dios y se esfuerza cada día en hacer morir lo terrenal, en caminar por la senda de verdad y en vivir sobria, justa y piadosamente - no con la idea de ganarse la salvación, sino teniendo como fruto de su redención la santificación.
No porque haya legalistas que tuercen los mandatos de Dios a conveniencia, seremos negligentes en guardar la ley del Señor.
No porque haya hipócritas que se disfrazan de santos, dejaremos de perseguir la verdadera santidad.
Hemos de cuidarnos del protagonismo, la vanagloria y la egolatría - pero hemos de esforzarnos cada día por crecer en madurez y avanzar hacia la perfección. Y al lograr cierto avance y notar cierto cambio el mérito habrá de ser sólo de Cristo, quien por su Espíritu produce en nosotros el querer y el hacer Su buena voluntad.
…hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; (Efe. 4:13)