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Ya que Cristo vino a buscar a los perdidos, no a los mejores talentos sino a los viles pecadores - el cielo no es una pasarela de grandes personalidades, sino el desfile de los redimidos; los arrepentidos lavados en la sangre de Jesús; los aplausos, la gloria y la alabanza sólo se los llevará el Cordero. 

El protagonismo consiste en el empeño de una persona por ocupar siempre el primer plano y el afán por demostrar superioridad.  La megalomanía es descrita como un problema de personalidad caracterizado por fantasías de poder,  ansias de grandeza y por una hinchada autoestima. 

Pariente del protagonismo y la megalomanía es la EGOLATRÍA; el culto al yo. 

Aquí algunos síntomas de la egolatría

- Anhela reconocimiento o aprecio.

- Le gusta tener el control de la situación.

- Le preocupa que hablen mal de usted.

- Presume sus logros y esconde sus faltas.

- Le cuesta pedir perdón.

- Le parece que no recibe todo lo que merece.

- Se alegra cuando gana una discusión.

- A veces piensa que no le valoran lo suficiente.

¿Cuántos de estos  estarán presentes en nuestra vida?

¿Cómo combatiremos la egolatría?

Aquí algunos principios

1) Acepta que no eres el primer lugar

2) Date cuenta que tus mejores logros son un grano de arena

3) Ten cuidado; ningún lider de secta es digno de adoración

4) Deja de competir por likes y simpatías

5) Entiende que hacer menos a otros no te hace mpas a tí

6) Cumple con el papel que se te otorgó

7) Que el juicio que más te importe sea el de Dios.

Cristo no vino a buscar talentos; no está haciendo casting para el papel principal - él vino a llamar a justos al arrepentimiento. Él es el personaje principal de esta historia - a Él debemos honor y gloria.

Al reino de los cielos no se entra por una alfombra roja alardeando de grandeza, empoderamiento o éxito - allí se entra humillado, en bancarrota; siendo JESUCRISTO nuestra única esperanza y gloria. 

En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos,  y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.  Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.     (Mat 18.1-4)