La biblia no nos pone filtro, como tampoco lo hace un espejo – el propósito del espejo es reflejar las cosas tal como son - el espejo no miente; sí allí hay una arruga, su ahí hay un granito, si hay una marca en la piel - el espejo lo evidencia. Y así mismo es como la biblia también nos retrata a nosotros, nos revela tal como somos.
Podemos pensar en la biblia como si fuera un espejo, porque nos revela quiénes somos y no da a conocer nuestra condición, nuestra problemática, a fin de que nosotros reconozcamos la gravedad del pecado en nosotros. Las escrituras no nos dicen generalmente lo que nosotros quisiéramos escuchar – quizá nos guste más escuchar que somos bonitos, que somos buena gente - pero la biblia lo que va a hacer es confrontarnos con nuestra realidad, lo que va a hacer la biblia en su función evangélica primero que nada es destruir nuestro ego, arruinar nuestra vanidad, demostrarnos que NO somos tan bonitos como pensamos, NO somos tan buenos como pretendemos, NO somos tan buena gente como tratamos de aparentarlo - somos malos en realidad - somos perversos - somos egoístas - somos idólatras - somos personas que maquinamos cosas malas – a lo mejor aparentamos muy bien pero tú y yo sabemos que somos personas con serios problemas de maldad y si no lo alcanzamos a ver así, es una señal más de lo grave que puede llegar a ser la CEGUERA espiritual, así de grave es la insensatez que nos ciega a nuestra propia maldad. Pero la palabra de Dios y su Espíritu Santo nos van a revelar precisamente que no somos tan buenos y van a desmantelar nuestro ego para mostrarnos sin filtro ni máscara a nuestro verdadero yo.
He aquí, entonces la primera parte de lo que llamaríamos el uso evangélico de la biblia - la biblia antes de llevarnos a Cristo funciona como un espejo para revelarnos cuán grave es nuestra condición.