Listen

Description

LOS SIERVOS COMEN EN LA MESA DEL REY

Estén ceñidos vuestros lomos, y vuestras lámparas encendidas; y vosotros sed semejantes a hombres que aguardan a que su señor regrese de las bodas, para que cuando llegue y llame, le abran en seguida. BIENAVENTURADOS AQUELLOS SIERVOS a los cuales su señor, cuando venga, halle VELANDO. (Luc 12:35-37)

Nuestro Señor Jesucristo nos llama a una vigilancia activa. "Ceñidos vuestros lomos" es la imagen de un siervo que no ha deshecho su atuendo de trabajo. No está en descanso. Está presto, atento, listo. Y con lámpara encendida: no se duerme en la oscuridad del pecado, sino que vela con luz en medio de la noche. El corazón regenerado no se conforma con saber que Cristo vendrá, sino que lo espera como quien ama Su regreso (2 Tim. 4:8).

Cristo pronuncia bienaventurados —felices, dichosos— a aquellos siervos a quienes Él encuentre velando. ¿Por qué? Porque no se trata solo de siervos fieles: son amigos atentos, hijos que esperan al Padre, esposas sabias con aceite en la lámpara. Están velando, no por miedo al castigo, sino por amor a la presencia del Señor.

Este pasaje tiene un giro sorprendente, en el verso 37 dice: “De cierto os digo que se ceñirá, y hará que se sienten a la mesa, y vendrá a servirles”.

¡Qué glorioso intercambio! El Señor se convierte en el siervo. Cristo, que ya una vez nos sirvió en la cruz, ahora nos hace sentar en Su mesa y Él mismo nos sirve. Esta es la herencia de los que velan: comer con Él, ser saciados por Él, gozar de su presencia.

“El Señor no solo recompensa el servicio, sino que Él mismo se convierte en la recompensa”