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Estrecha es la puerta, pero AMPLIA ES LA MESA

"Porque vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios." (Lucas 13:29)

Lucas 13:29

1. Una advertencia solemne: la puerta es estrecha

El contexto de este glorioso versículo está marcado por una advertencia del Señor:

"Esforzaos a entrar por la puerta angosta, porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán" (Lucas 13:24).

Cristo no ofrece un cristianismo fácil, ni una salvación superficial. La puerta es estrecha porque requiere el abandono del yo, del pecado, y de toda justicia propia. Esta puerta angosta es Cristo mismo (cf. Juan 10:9), y solo los que se rinden a Él con fe sincera y arrepentimiento verdadero pueden entrar.

Esto nos recuerda que la salvación no se gana por linaje, mérito ni tradición religiosa. El mismo pasaje muestra que muchos hijos de Israel —por confiar en su identidad étnica o prácticas externas— quedarían fuera, mientras que forasteros de toda nación serían bienvenidos. Esta es la paradoja gloriosa del Reino: estrecha es la entrada, pero sorprendente y amplia es su hospitalidad.

2. Una promesa gloriosa: la mesa es amplia

Después de advertir sobre la puerta angosta, el Señor Jesús declara: "Vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur..."

Aquí la imagen se ensancha. Desde todos los rincones de la tierra, el Reino de Dios reunirá a sus redimidos. La puerta es estrecha, pero la mesa es amplia. La gracia es selectiva en su entrada (pasa solo por Cristo), pero no es exclusiva en su alcance geográfico, cultural o social.

La mesa representa comunión, reposo, gozo. No es solo una entrada al Reino, es un banquete de amor. Y quienes se sientan allí no lo hacen como sirvientes ajenos, sino como hijos adoptados, herederos del Rey.

3. Una esperanza viva: la comunión del Reino es real y eterna

No se trata solo de un futuro lejano. En Cristo, ya participamos de ese banquete por medio de la comunión con Él y su Iglesia. Cada vez que nos sentamos a la mesa del Señor, anticipamos el banquete eterno. Pero también se nos recuerda que no todos los que se sientan en las bancas de la iglesia hoy estarán en esa mesa si no entran por la puerta angosta.

VEN A LA MESA; HAY SALVACIÓN, REPOSO Y DICHA

Examina tu corazón: ¿Has entrado realmente por la puerta estrecha? ¿O estás cerca de la mesa sin haber pasado por Cristo?

Celebra la gracia de Dios: Si has sido traído desde lejos, si fuiste hallado en el norte o el sur, si viniste desde una tierra lejana o una vida pecaminosa, agradece que fuiste invitado y recibido.

Anuncia la buena noticia: El banquete aún no está completo. Hay más invitados que deben entrar. Predica, ora y vive con el anhelo de que muchos más se sienten a la mesa del Reino.