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El Señor es un Dios de fiesta y celebración - invita a su pueblo a gozarse y recrearse en Su misericordia, su amor y sus bendiciones. 

Las fiestas que celebraba Israel se pueden agrupar en dos temporadas; primavera y otoño.

La fiestas de primavera fueron la pascua, los panes sin levadura, la fiesta de las primicias y la fiesta de pentecostés - Estas celebraciones apuntaban hacia la victoria y las bendiciones que fueron traídas al pueblo de Dios con la primera venida de Jesucristo -  la liberación del pecado y la condenación, la victoria sobre el sepulcro y la llegada del Espíritu Santo, el "otro consolador" - los cristianos seguimos celebrando estas fiestas conscientes de que en Cristo llega a su máxima expresión y cumplimiento aquello que el Antiguo Testamento anticipaba - celebramos  al redentor que VINO a redimirnos de la ira y el pecado. 

Las celebraciones de otoño eran la fiesta de las trompetas, el día de la expiación y la fiesta de los tabernáculos - apuntan hacia aquello que está pendiente y que celebramos en expectativa y en la certeza de que Cristo cumplirá todas sus promesas; la gran resurrección en victoria, la liberación plena del pecado y la miseria,  que ocurrirá al regreso de Jesucristo y el fin del largo peregrinaje que hasta ahora ocupa al pueblo de Dios camino al reposo eterno - así celebramos al Rey que VIENE  a juzgar, a vencer y a establecer su reino para siempre.

Cuando la iglesia de Cristo se reúne tiene este doble objetivo; mirar en retrospectiva y celebrar la grandeza de aquel que vino a redimirnos derramando su sangre y muriendo en la cruz y así conmemorar el inicio de nuestra redención con alabanza y homenaje a Cristo. Y mirando en prospectiva, celebramos que estamos cerca del día del retorno de Jesús en el cual los muertos en Cristo resucitarán y recibiremos un cielo nuevo y una tierra nueva libres del pecado y la miseria con los que hasta ahora batallamos en la paciencia y consolación de que pronto acabarán. 

El culto cristiana es entonces la celebración al Cordero que vino a redimirnos con su sangre y la fiesta en honor del Rey que viene a hacer nuevas todas las cosas.

Entonces, así como el culto cristiano es SOLEMNE, pues se realiza en honor al SANTO y ALTÍSIMO Señor, también debemos de apropiarnos de GOZO y ALEGRÍA, pues el culto cristiano debe ser una FIESTA en honor a Jesucristo, autor y consumador de nuestra fe.

Mas los justos se alegrarán; se gozarán delante de Dios, Y saltarán de alegría.

Salmo 68.3