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“No vo'a tabajá, No vo'a tabajá” Así versa una canción guapachosa que refleja la poca estima que hay por el trabajo en nuestra cultura.

El mandamiento de Dios es “seis días trabajarás  y el séptimo reposarás” - pero hay gente que quisiera reposar seis días y trabajar apenas uno.

Necesitamos entender y apropiarnos de una visión cristiana de la vida y del trabajo; darnos cuenta de la profunda conexión que hay entre la religión y la vida laboral. Y claro, esta conexión comienza en casa.

Es en casa, con los quehaceres cotidianos, con las muchas oportunidades de servicio y con las abundantes tareas domésticas que ejercitamos el trabajo y sacudimos la pereza, combatimos la ociosidad, y desechamos la flojera.

A diferencia del mundo, que tiende a ver el trabajo como un “mal necesario” y que trabaja porque “no le queda de otra”, el pueblo redimido de Dios aprecia el trabajo como un escenario donde puede glorificar al gran Rey, una vocación para la cual Dios concede la fuerza, la creatividad, la prosperidad y la sabiduría para hacerlo todo en nombre del Señor.

Un cristiano perezoso es una contradicción; un creyente que no quiere trabajar es una incoherencia.

El trabajo ha de ser una extensión de nuestra devoción a Cristo.

…os ordenamos esto: Si alguno no quiere TRABAJAR, tampoco coma. Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno. A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que TRABAJANDO sosegadamente, coman su propio pan.

2 Tesalonicenses 3:10-12

Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; no SIRVIENDO al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como SIERVOS de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios;

Efesios 6:5-6

TRABAJAD, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.

Juan 6:27