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"Un elefante en la sala" es la metáfora que se refiere a esos asuntos y problemáticas que están presentes, que son evidentes y que no se pueden esconder (¿Acaso hay algo más evidente que un elefante a media sala?) Y sin embargo, se les evade; se les saca la vuelta tratando de disimular que no hay nada, como si no pasara nada... Es lo opuesto al cuento de "el traje invisible del rey" donde nadie podía verlo, pero todos querían hablar de él. Acá es al revés; todos lo ven, todos lo notan - pero nadie quiere hablar de él, nadie quiere encarar "ese asunto"...

En el hogar tenemos muchos de "esos asuntos"; elefantes que tenemos que sacar de una buena vez de la sala. ¿Cómo es que se colaron al interior de la casa? ¿De qué manera los hemos estado disimulando? ¿Por qué es urgente que dejemos de aparentar que no están ahí? Ya los hemos soportado lo suficiente; estorbando, asfixiando, causando destrozos. Es necesario que hablemos de esos elefantes en la sala.

Uno de esos ELEFANTES en la casa es la IMPIEDAD. Quizá el término parezca muy duro y hasta extraño. Cuando escuchamos el término “impiedad” tendemos a pensar en gente de la peor calaña; los asesinos, los viciosos y malvivientes, los inmorales y libertinos - un hogar impío ha de ser el hogar donde no hay valores, donde no se siguen “buenas costumbres”, pero no ha de ser nuestro hogar – nuestro hogar es diferente; tendrá sus defectos, sí – pero no es un hogar impío.

Consideremos la simple definición de IMPIEDAD; es lo opuesto a la “piedad” ¿Y qué es la piedad? La devoción sincera, dependiente y fiel a Dios. NO hablamos de gente inmoral, no hablamos de personas que viven del crimen, no nos referimos a familias con horrendos antecedentes - se trata del estilo de vida donde Dios NO es el “todo en todo”, donde la prioridad NO es Cristo y donde la religión, si se practica, es apenas un accesorio - un recurso de uso eventual, pero no una prioridad.

Si así son las cosas, entonces quizá debamos reconocer que la impiedad de ha alojado en muchas casas. Ya ha ocurrido en el pasado - hubo un hombre, siervo de Dios que tenía un par de hijos, igualmente siervos en el servicio religioso… pero eran impíos: “Los hijos de Elí eran hombres impíos, y no tenían conocimiento de Jehová” (1Sa 2:12). Si en el Hogar de Elí, se entrometió este tremendo elefante, quizá debamos revisar bien nuestro propio hogar.

“Si Jehová no edificare la casa, En vano trabajan los que la edifican” (Sal.127:1)