Arrogancia desbordada, criaturas compitiendo por el poder y la fama, ansiosos por el renombre; normalizando lo inmoral, y atesorando lo vano. Así era en los días de Noé, y así pinta el panorama de la cultura decadente.
Conforme se acerca el día del Señor, el mundo se asemeja más a los "días de Noé" - la frivolidad de lo temporal impera en una sociedad embriagada de consumismo hedonista - se aplaude la impiedad, se promueve la perversión y se enarbola con orgullo la bandera del pecado... el plazo de gracia sigue abierto, la oferta de perdón sigue vigente, pero el día del Señor se acerca.
Y dijo Jehová: No contenderá mi espíritu con el hombre para siempre, porque ciertamente él es carne; (Gen 6:3)