Y vio Jehová que la MALDAD de los hombres era MUCHA en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal. (Gen 6:5)
La doctrina de la depravación total no es cómoda, pero nos define muy bien como humanidad. Detrás de nuestra educación, nuestra "civilidad" y nuestros progresos, se encuentra un corazón corrompido que tiende al mal.
Esta corrupción no es diferente en su raíz; hombres, mujeres, niños, ancianos, ricos, pobres; todos compartimos la misma condición caída - tratamos de disimularlo, intentamos minimizarlo, pero al final del día, llegamos a la misma confesión de Pablo: "Yo sé que en mí, no mora el bien".
Tal es la condición del ser humano tras la caída; manchado por el pecado, corrompido desde la raíz, viciado por la impiedad, depravado por naturaleza - No es que actúe del todo mal, ni que cometa toda clase de perversidades; pero inocente no es - aunque puede producir hermosa poesía, ciencia admirable , asombrosa ingeniería y música hermosa; por ahí se le asoma también la maldad, la envidia, el odio, el fraude, la avaricia, la corrupción y la mentira.
CORRUPTO; esa es la palabra - algo se averió en nosotros, algo quedó atrofiado.
La buena noticia es que lo que en Adán se perdió, en Cristo es recatado y restaurado - el Hijo de Dios ha bajado a llevarnos de regreso a Edén limpiándonos de toda mancha e inmundicia con su sangre y reconciliándonos con el Padre.
Malas noticias: somos corruptos desde lo más profundo de nuestro ser.
Buenas noticias: el que está en Cristo, nueva criatura es.
Cristo es experto en transformar vidas; él puede convertir retretes sucios en finas copas.
¿Podrá el etíope cambiar el color oscuro de su piel? ¿O el leopardo quitarse sus manchas? Pues tampoco ustedes, pues están tan acostumbrados al mal, que son incapaces de comenzar a ser buenos.
Jeremías 13:23
Aunque te laves con lejía, y te frotes con mucho jabón, ante mí seguirá presente la mancha de tu iniquidad —afirma el Señor omnipotente.
Jeremías 2:22
Atestados de toda iniquidad, de fornicación, de malicia, de avaricia, de maldad, llenos de envidia, de homicidios, de contiendas, de engaños, de malignidades
Romanos 1:29
Cuando éramos incapaces de salvarnos, Cristo llegó en el momento oportuno y murió por los pecadores. Es muy difícil que alguien dé su vida por una persona justa y buena, aunque, en efecto, pudiera darse un caso así. Dios, no obstante, nos demostró su amor al enviar a Cristo a morir por nosotros, aun cuando éramos pecadores.
Romanos 5:6-8