La caída significó el amotinamiento de las criaturas contra su Creador; desde entonces el patrón de conducta de la humanidad ha sido una mezcla de irreverencia, corrupción y violencia - la humanidad ha pretendido vivir sin Dios, ha profanado lo santo y se ha dedicado a causar daño y procurar el mal unos contra otros. Esta maldad no es minúscula, sino diabólica, destructiva y creciente. Un diluvio no fue suficiente para lavar tanto pecado y corrupción. No hay detergente que pueda arrancar esta mancha de pecado y corrupción. Sólo el poder de la sangre de Cristo puede limpiarnos de esta suciedad.