Como en los días de Noé, advirtió Jesús, así será la vida de muchos cuando venga el juicio - "Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que entró Noé en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos" - no muy diferente a los días de Lot, en que "comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban" hasta que llovió fuego del cielo.
¿Es que acaso comer, convivir, cultivar la tierra, comprar y construir son cosas malas? NO precisamente - estas acciones resumen gran parte de la cultura de la humanidad; comer, convivir, cultivar, comprar, construir - pero ¿Quién es el gran ausente en estas descripciones de los días de Noé y Lot?
DIOS, el gran ausente en estas actividades es Dios - Jesús está denunciando el estilo de vida generalizado tras la caída, de una humanidad que pretende vivir sin Dios, definir su destino sin Dios, encontrar dicha sin Dios y crear cultura sin Dios - una palabra que resume este empeño de vivir sin Dios es "secularismo", el intento de sacar todo vestigio de religión verdadera de la vida pública de una sociedad. El secularismo se disfraza de "razón" al proponer que los asuntos de fe son privados, por lo tanto, deben mantenerse en la esfera privada mientras que en la esfera pública debe dominar "la razón". El secularismo se disimula hablando de "laicidad", argumentando que la educación debe ser laica, el gobierno debe ser laico, y la impartición de justicia debe ejercerse "laicamente" - pero tal "laicidad" es usada como una mordaza para acallar convicciones cristianas y anular argumentos teístas en nombre de la "tolerancia" y la "igualdad".
Y es así, aliado con el relativismo y el hedonismo, que el secularismo propone una vida plena y satisfecha separados de Dios; sin nadie que nos diga qué hacer, sin mandamientos ni prohibiciones.
El primer secularista fue satanás, al proponer que la humanidad podía vivir sin Dios - y los primeros creyentes del secularismo fueron Adán y Eva al creer que podían ser autónomos y constituirse en dioses; amos de su existencia y dueños de su destino.
Desde entonces, la humanidad pretende vivir sin Dios, cosechando solamente la frustración y desencanto de su proyecto fallido, pues fuimos creados para Dios, y nuestra alma suspira incansablemente hasta que descansa en Cristo - separados de Cristo, nada podremos hacer.
Cristo vino, finalmente, a llevarnos de vuelta al Padre, a derribar el secularismo y restaurar nuestra comunión con Dios. “Dios ha muerto” dice el secularista, pretendiendo con eso anular nuestra dependencia y necesidad de Él – “Nos vemos en el juicio”, responde Dios, advirtiéndonos de lo insensato e innecesario de separarnos de él.