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“No eres ni frío ni caliente… eres una desventurada, miserable, pobre y ciega compañía de tibios” – Si como iglesia queremos escapar de una reprensión similar, tenemos que atender muy bien a las palabras de Cristo y proceder en obediencia, diligencia y fidelidad a su voluntad.

¿Qué debe caracterizar a la iglesia? ¿Qué la hace tan especial? ¿Ya es santa o está siendo santificada? Leamos Apocalipsis 3:14-22

LA IGLESIA ES ÚTIL AL REINO DE DIOS

La reprensión del verso 15 muchas veces es malentendida ¿Quiere Dios que seamos fríos o calientes? Algunos piensan que es malo ser “frío” porque suena a una fe falsa, anómala y decadente; y por consecuencia, se piensa que el cristiano ha de ser “caliente”, como si fuera una alusión al vigor y la permanencia de la fe. Pero el Señor mismo expresa “ojalá fueres frío o caliente” como si ambas opciones fueran posibles y aceptables por él – de hecho, lo que Jesús abomina es la “tibieza”. Entendemos entonces, que una iglesia que sea “fría” y otra que sea “caliente” complacen igualmente a Dios. Recordemos que en la antigüedad, en una época sin neveras ni enfriadores, el agua fría era un elemento muy apreciado; con ella se puede calmar la sed, con ella se pueden mantener ciertos alimentos frescos. Y así mismo el agua caliente requiere de herramientas y materiales para su calentamiento; leña, carbón, fuego – y con ella se pueden preparar alimentos, mezclar medicinas, brindar tratamientos médicos, etc. Tanto el agua fría como el agua caliente tienen propiedades valiosas y utilidades diversas. ¿El agua tibia? No, esa no sirve, esa no es lo suficientemente fresca como para saciar al sediento, ni lo suficientemente caliente como para preparar una sopa para el hambriento. Estas dos analogías resumen lo que Jesús ofrece en su reino: agua para el sediento y saciedad para el hambriento (Isa.55:1-2) – La iglesia debe ser útil a la extensión de este reino, y a la proclamación del evangelio de Cristo. Si no es ni fría, ni caliente, se vuelve inútil – y por lo tanto termina estorbando a Cristo mismo (Luc.11:23)

LA IGLESIA RECIBE CORRECCIÓN PARA SANTIDAD

Luego de leer las palabras tan directas, firmes y hasta duras que Jesús ha expresado no sólo a Laodicea, sino a las demás iglesias en Apocalipsis; uno podría preguntar ¿Son estas palabras de amor? ¿Realmente puede la iglesia experimentar el amor de su Señor? Un problema de nuestra cultura es la hipersensibilidad a la verdad – en nombre de la inclusión, la tolerancia y el “amor” se callan las verdades, se suavizan los adjetivos y se evitan los diagnósticos con tal de que la gente no se sienta mal. Pero Cristo no está interesado principalmente en que sus hijos se sientan bien, sino en que sus hijos vivan bien. Y muchas veces para que su pueblo se conduzca por la senda del bien, la justicia y la verdad, es necesario que nos hable con palabras de reprensión y corrección. Pero esto sigue siendo amor. El verso 19 nos lo aclara “Yo reprendo y castigo a todos los que amo” – no nos desanimemos ni dudemos del amor de Dios cuando somos reprendidos. En realidad, hasta que Cristo vuelva, cada oveja del rebaño de Cristo requiere de la corrección, la amonestación y la disciplina del gran Pastor, a fin de que todo el rebaño sea preservado en santidad (Hebreos 12:5-11).