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Cristo murió por una iglesia santa, que proclama un mensaje santo, que tiene aspiraciones santas – que preferiría morir antes que serle infiel a su Pastor, que no anhela complacer al mundo sino ser agradable a su marido. Una iglesia que no mide su riqueza, su grandeza o su valor según los estándares de moda, sino que hace de Cristo su todo en todo.

A los hermanos de Filadelfia no les tocó ninguna reprensión, ellos se mantenían fieles a Cristo aún en las más difíciles circunstancias. Quizá era su “poca fuerza” (versículo 8) la que les había ayudado a mantenerse aferrados al evangelio – es algo común que cuando confiamos en nuestros propios recursos o en nuestra supuesta importancia, Cristo puede volverse un asunto de importancia secundaria – pero cuando no tenemos nada y nos descubrimos frágiles e insignificantes, no nos queda más que aferrarnos a Cristo como nuestro todo en todo. Siempre ha sido así; no son los “justos” sino los pecadores, quienes se rinden al evangelio. No son los “ricos” ni los “grandes” sino los “pobres en espíritu” quienes atesoran el Reino de los cielos como su mayor ganancia – no es quien se aferra a su “gran vida” el que resulta ganador, sino el que está dispuesto a perderla por causa de Cristo, quien recibe todas las cosas por añadidura.

NUESTRO SEÑOR ES SANTO Y VERDADERO

Así se presenta en el versículo 7 y así lo muestra toda la Biblia – incluso los ángeles hablan día y noche de su santidad (Isaías 6:3, Apoc.4:8) – por lo mismo que él es santo, es supremo en todo sentido, sus pensamientos no son nuestros pensamientos, su condición es sublime y trascendente (Isa.55:8-9) y por lo tanto, su palabra es siempre verdad (sin error, sin mentira, sin vacilación). ¿Qué desea nuestro pastor? Que su rebaño sea santo como él mismo es santo y que nos sometamos a su Palabra de todo corazón. (Lev.20:7-8)

NUESTRO REDENTOR ES VENGADOR DE SUS ADVERSARIOS.

Según el versículo 9, los miembros de la “sinagoga del adversario” serán entregados, exhibidos, humillados y castigados en la “hora de tribulación” que se avecina, el juicio final. Cristo tomará venganza de cada corderito suyo martirizado, torturado, menospreciado y atribulado en esta tierra – desde los mártires del pasado, degollados, apedreados, quemados, crucificados y devorados por bestias, hasta los mártires de nuestra época perseguidos, secuestrados, oprimidos y violentados. Cada oveja de Cristo que ha padecido el oprobio de los anticristos será vengada por la mano firme de nuestro gran Rey (2Tes.1:6-10, Apoc.11:10-13)

NUESTRO DUEÑO ES GALARDONADOR DE LOS QUE LE BUSCAN.

Si bien, los enemigos de Cristo y de Su pueblo serán objeto de la venganza del Señor en el día del Juicio, los creyentes en su Palabra y fieles a su voluntad serán galardonados con todo lo que se les ha prometido – una corona de victoria (verso 11), el ser reconocidos como miembros de su pueblo y bienvenidos en la ciudad celestial (verso 12) junto con todo el gozo, el deleite, el consuelo y la dicha que el Señor tiene reservados para sus ovejas. Quien busca estas riquezas eternas no será defraudado, habrá valido la pena cualquier adversidad y tribulación momentánea si a pesar de eso tenemos acceso a la dicha eterna con Cristo (Heb.11:6).