La vida cristiana representa un aprendizaje, una carrera que correr; un camino que andar - andar por la senda de justicia, de luz y verdad.
En este peregrinaje es la palabra de Dios la que nos sirve como fuente de luz; para discernir entre el bien y el mal; entre lo sabio y lo necio, entre lo importante y lo vano.
De tal modo que la palabra de Dios no es un accesorio ni una herramienta opcional, sino el gran regalo y provisión de Dios para mantenernos en la senda correcta y guiarnos en su luz.
Tu palabra es una lámpara a mis pies;
¡es la luz que ilumina mi camino!
Salmo 119:105