Hay de males a males - unos más graves que otros, algunos menos severos y otros catastróficos - pero hay un mal que aqueja a todo ser humano, sin importar clase social, estado de salud, escolaridad, raza, condición física o apariencia. TODOS por igual lo padecemos y lo peor de todo es que muchos ignoran que lo tienen.
En su función evangélica, la palabra de Dios nos da primero las malas noticias; nos muestra primero nuestra terrible condición de pecado, corrupcion, condenación y perdición - para entonces proceder a revelarnos las buenas noticias: Dios ha provisto en Jesucristo, su hijo, al único y suficiente remedio contra el peor de los males de la humanidad.
Malas noticias: "El alma que pecare, esa morirá"
¡BUENAS NOTICIAS! Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo por medio de él (Juan 3:17)