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Cristo te salva y te bendice, y aunque la vida sigue siendo DURA,  lo duro de la vida no durará TANTO.

No hay día que no falten los problemas, pero un día los problemas acabarán.

No tendremos todas las cosas que deseamos, pero tenemos la salvación que necesitamos.

No podremos conservar bien temporal alguno, pero nos aguarda una herencia eterna.

No todas nuestras oraciones son contestadas con un "sí", pero siempre tenemos el amor de Dios en Cristo.

No hay forma de evadir la cita con el sepulcro, pero sí hay manera de derrotarlo.

Angustia, hambre, tribulación, dificultad o calamidad - nada de eso, por grave y doloroso que hoy pueda ser, permanecerá por siempre - los redimidos de Cristo serán librados del pecado, se levantarán victoriosos de la tumba y gozarán dicha y paz eternamente.



La vida cristiana, por ahora, tiene un sabor agridulce - pero un día lo amargo y duro de nuestra vida desaparecerá.



Pues nuestras dificultades actuales son pequeñas y no durarán mucho tiempo. Sin embargo, ¡nos producen una gloria que durará para siempre y que es de mucho más peso que las dificultades! Así que no miramos las dificultades que ahora vemos; en cambio, fijamos nuestra vista en cosas que no pueden verse. Pues las cosas que ahora podemos ver pronto se habrán ido, pero las cosas que no podemos ver permanecerán para siempre. 2 Corintios 4:17-18