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Mi pastor necesita siete voces:

Mi pastor no puede predicar el evangelio de vez en cuando, él necesita un voz de EVANGELISTA cada vez que ocupa el púlpito. Mi pastor no habla a título personal, él habla como EMBAJADOR del reino que representa; su deber es decir "así dice el Rey".

Mi pastor requiere una voz de OBISPO; de guardián de la sana doctrina y de cuidado por las ovejas que se le han encomendado; no para entretenerlas, sino para alimentarlas con toda exhortación, consuelo e instrucción de las escrituras.

Mi pastor necesita una voz de MAESTRO; apto para enseñar con toda paciencia, sencillez y esmero; pero con toda convicción y solidez.

Mi pastor requiere una voz de DOCTOR; esforzado por interpretar correctamente las escrituras, versado en todo el consejo de Dios, conocedor de los peligros de la doctrina engañosa y las vanas filosofías; arraigado en la ortodoxia.

Mi pastor necesita una voz VALIENTE; sin acobardarse por el qué dirán los opositores de a cruz; sin disimular, ni diluir, ni negociar la Palabra de Dios; llamándole a lo bueno, bueno y a lo malo, malo; sin avergonzarse del Evangelio.

Mi pastor necesita una voz de SIERVO; porque ocupar el púlpito no es su derecho, sino su alto privilegio - y porque las ovejas que pastorea no son suyas, sino que fueron compradas por la sangre de Cristo, quien le demandará cuentas por la labor desempeñada. 

Oh, que nuestros pastores posean estas siete voces, y que puedan cumplir honorablemente el encargo de predicar con fidelidad la palabra del Señor.

...predica la palabra de Dios. Mantente preparado, sea o no el tiempo oportuno. Corrige, reprende y anima a tu gente con paciencia y buena enseñanza. Llegará el tiempo en que la gente no escuchará más la sólida y sana enseñanza. Seguirán sus propios deseos y buscarán maestros que les digan lo que sus oídos se mueren por oír. Rechazarán la verdad e irán tras los mitos.  Pero tú debes mantener la mente clara en toda situación. No tengas miedo de sufrir por el Señor. Ocúpate en decirles a otros la Buena Noticia y lleva a cabo todo el ministerio que Dios te dio.

2 Tim.4.2-5