El evangelio comienza por darnos un diagnóstico fatal: estamos malditos y reprobados; siendo objetos de la justa ira de Dios y sin posibilidad alguna de que por nuestras obras o recursos podamos resolver tan grave condición de muerte espiritual y condenación.
Y luego de tan grave diagnóstico, el mismo evangelio procede a darnos la buena noticia: hay un remedio EN Cristo, hay salvación gracias a Cristo - el evangelio se convierte en la medicina que revierte el diagnóstico de muerte.
Las malas noticias son terribles, pero las buenas noticias son gloriosas.
En Cristo somos justificados, y gracias a él somos BIENAVENTURADOS.
Bienaventurados los perfectos de camino,
Los que andan en la ley de Jehová.
Bienaventurados los que guardan sus testimonios,
Y con todo el corazón le buscan...
Salmo 119:1-2