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Mucha gente está abierta a reconocer a Jesús como un maestro de sabiduría, como un consejero para la vida - una mezcla de psicólogo, humanista y motivador cuyos mensajes de optimismo y solidaridad pueden brindarnos algunas moralejas para la vida.

Sin embargo, muchos tienen reservas en cuanto a lo que los evangelios relatan sobre Jesús - ¿Convertir el agua en vino? ¿Sanar leprosos, ciegos, lisiados y paralíticos? ¿Caminar sobre el mar? ¿Multiplicar panes y peces para alimentar multitudes? Esos "fenómenos" conocidos como MILAGROS no caben en una mente racional, no son posibles a la luz de la "ciencia" - deben ser descartados, dicen los escépticos, porque no son sino leyendas inventadas por los mismos cristianos para validar su religión.

Pero, ¿Qué ocurre con el mensaje de Cristo si no ocurrieron los milagros de Cristo? ¿Cómo podríamos al cristianismo una religión verdadera si los actos poderosos de Cristo no fueron reales?

¿Y de qué nos sirve un maestro cuyos discípulos inventaron sus milagros?

Es que, o el Jesús de los evangelios es el auténtico Jesús y por lo tanto, digno de nuestra fe y devoción total, o el evangelio de Cristo es un mito que no vale la pena ni creer ni proclamar, pues se trata de nada más y nada menos que de un cuento, un cuento bonito, con algunas bonitas moralejas, pero solamente un cuento. Y si se trata de un cuento, entonces no tiene sentido.

Sin embargo, los testigos ahí están: Mateo, Marcos, Lucas y Juan relatan no solo los dichos de Cristo, sino sus hechos portentosos - y una multitud de testigos a lo largo de la historia dan fe de este nazareno en quien habita la plenitud de la deidad; hacedor de maravillas y redentor de pecadores.

Si él puede convertir el agua en vino y limpiar la piel del leproso, puede revertir la maldición del infierno y lavar al pecador más asqueroso. Sus milagros no solo han de ser posibles, sino necesarios - para dejar bien en claro que Él puede hacer nuevas todas las cosas.

Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella. (Hechos 2.22-24)