El Cristianismo es una religión que se evidencia en los hechos – no se trata principalmente de ritos, rezos o tradiciones – sino de vivir ofreciéndonos cotidianamente como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios.
Gran desafío es este, porque significa que no hay un entorno o segmento de la vida que pueda quedar exento de rendirse a Cristo en santidad – no puede uno ser santo en el templo y tranza en los negocios; no se puede ser cristiano de parroquia y tramposo en el trabajo – no es coherente decir “amén” y “aleluya” en la reunión dominical pero destilar mentira, fraude y engaño durante la semana.
“El que no tranza no avanza”, dice la cultura – pero Dios dice: “debes hacer justicia, y amar misericordia” (Miqueas 6:8) Agraviar al prójimo, oprimir al débil, promover la tranza y la impunidad, robar, mentir, engañar – son males de los cuales debemos despojarnos.
La vida cristiana es un llamado a caminar en santidad – en esa senda, será la palabra de Dios la que nos sirva de lámpara y lumbrera al caminar - de manera que vivamos sobria JUSTA y piadosamente en honor a Cristo y como evidencia de que realmente somos nuevas criaturas.
… NO HACEN INIQUIDAD los que andan en sus caminos.
Aparta de mí el camino de la MENTIRA, Y en tu misericordia concédeme tu ley.
Inclina mi corazón a tus testimonios, Y no a la AVARICIA.
Salmo 119.3,29&36