Ser inteligente, juicioso, sesudo, brillante - vaya, en una palabra; SABIO - requiere más que sacar un diez en un examen o lograr un récord académico de excelencia. Eso tiene su mérito, claro que sí; pero mucha gente con doctorado y posgrado termina tomando decisiones estúpidas - así que hay que cuidarnos de tener apariencia de sabios, pero en realidad vivir como necios.
La verdadera sabiduría, la genuina inteligencia proviene de Dios, de un conocimiento personal de su verdad, su gracia, su carácter y su voluntad - "No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová…" (Jer 9:23-24) - Cuando entendamos esto, dejaremos de aparentar ser sabios y en mansedumbre y humildad buscaremos en Cristo la verdadera inteligencia; aquella sabiduría para vivir piadosamente - Necesitamos la sensatez que nos lleva a buscar a Cristo mientras puede ser hallado y hacerle nuestro todo en todo.
El paraíso espera a aquellos que tuvieron el privilegio de conocer a Cristo y la bendición de recibir de él la verdad, la vida y la dicha de salir del camino de necedad hacia la senda de la sabiduría.