Tú manejarías un auto sin estéreo, manejarías un auto sin aire acondicionado, manejarías un auto sin asientos de cuero y sin problema conducirías un auto sin aromatizante… pero sería una locura manejar un auto sin frenos… ¿Por qué entonces, a muchos les parece que las restricciones de Dios, sus límites y mandamientos son dañinos, cuando en realidad son un freno de seguridad para nuestras vidas?
Con todo mi corazón te he buscado; No me dejes desviarme de tus mandamientos. (Salmo 119:10)