Desde tu casa en las nubes, envías la lluvia sobre las montañas, y
llenas la tierra con el fruto de tu trabajo.
Haces que crezca la hierba para el ganado, y las plantas que la
gente cultiva para sacar de la tierra su alimento, y vino para
alegrarlo, y aceite de oliva como loción para su piel, y pan para
fortalecerlo. Los árboles del Señor están bien regados, los cedros
del Líbano que él plantó. Allí las aves hacen sus nidos, y en los
cipreses tiene su hogar las cigüeñas.
En lo alto de los montes hay pasto para las cabras monteses, y en
sus rocas hallan refugio los tejones.
Él destinó la luna para marcar los meses, y el sol para marcar los
días.
Tú envías la oscuridad, y cae la noche, y es cuando los animales
del bosque salen a buscar su presa. Entonces rugen los leoncillos
pidiendo alimento, pero en manos del Señor están. Cuando amanece
regresan para ocultarse y reposar en sus guaridas, y la gente sale
para cumplir con sus tareas, ellos trabajan hasta que las sombras
de la noche caen otra vez. ¡Señor, qué variedad de cosas has hecho!
¡Y con qué sabiduría has hecho todo! La tierra está llena de tus
criaturas.
SALMO 104:13-24
Dios, el Gran Creador de todo, sostiene, dirige, dispone, y
gobierna a todas las criaturas, acciones y cosas, desde la más
grande hasta la más pequeña, por su sabia y santa providencia,
conforme a su presciencia infalible y al libre e inmutable consejo
de su propia voluntad, para la alabanza de la gloria de su
sabiduría, poder, justicia, bondad y misericordia.
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