La manera en que Eclesiastés describe la vida “debajo del sol” se parece mucho a un carrusel – un ciclo continuo de vivir, trabajar, agotarse, disfrutar (en lo posible) y regresar hasta la misma rutina – sembramos, cosechamos, destruimos, construimos, compramos, vendemos, callamos, hablamos – vuelta y vuelta en el carrusel de la vida. Pero así como hubo un arranque tendrá que haber un final. No serán eternas las vueltas del carrusel; si hubo un día de nacimiento, habrá un funeral también. Cada día nos alejamos más del punto en que comenzó nuestra existencia y nos acercamos más al punto de desenlace de nuestra historia. Lo aceptemos o no, nuestros días están contados por el Todopoderoso.
Entre la cuna y la tumba hay un tiempo para todo, pero a todos se nos acaba el tiempo; No serán eternas las vueltas del carrusel; en cada vuelta se nos está yendo la vida ¿La has invertido sabiamente? ¿El recuento de los gastos resultará en ganancia o en quiebra?
"Hay una temporada para todo, un tiempo para cada actividad bajo el cielo. Un tiempo para nacer y un tiempo para morir..." (Ecl.3:1-2)