El deísmo nos invita a ver la creación y la realidad como un mecanismo perfecto, que funciona según lo programó el "gran arquitecto" - pero una visión así nos convierte en marionetas, nos condena al determinismo - y en consecuencia, si todo está determinado no hay lugar para hablar de responsabilidad moral, ni de ética, ni de consecuencias eternas; tampoco hay esperanza ni certeza respecto a la historia y el más allá.
A diferencia de esta perspectiva, el TEÍSMO BÍBLICO nos habla de un Dios soberano, sí - a quien nada se le escapa y que gobierna sobre cada criatura. Pero también nos habla de nuestra identidad; fuimos creados a imagen y semejanza de Dios - como agentes libres, responsables morales y productores de cultura - dependientes de Dios y creados para vivir en comunión con Él.
¿Qué haremos? ¿Cómo viviremos? ¿Cómo será nuestro destino eterno? Todas esas preguntas requieren un sentido de responsabilidad humana y de ninguna manera nos excusan de las consecuencias de nuestras decisiones - porque no somos tornillos de un mecanismo impersonal, sino personas llamadas a decidir entre la comunión con Dios o la rebelión contra él.
A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia. Deut.30.19