Así como mucha gente busca reposo por medio de una "desconexión" de la realidad, otros muchos son los que intentan "decorar" su realidad con diversos accesorios - es decir, bienes de consumo que prometen cierto bienestar pero igualmente terminan fallando. Una generación de acumuladores creció haciéndose de bienes bajo este pensamiento. Respecto a esto, Dios nos advierte en su palabra que "la vida no consiste en la abundancia de bienes" (Lc.12.15) - por lo tanto será una frustración tratar de aliviar la falta de reposo con bienes de consumo.
Sin embargo, en la cultura actual la tendencia no es la acumulación de bienes - esta generación tiene más bienes que las últimas tres generaciones juntas - más ropa que nunca, más comodidades que los predecesores - más variedad de todo. El espíritu de la cultura no busca acumular bienes, sino disfrutar experiencias - hedonismo y consumismo de experiencias; mientras más intensas, inmediatas y sin compromiso, mejor. De ahí que el lema de la generación podría ser "consumo, luego existo"
Los vendedores, especialistas en mercadotecnia, inventaron una estrategia que llamaron "marketing de evangelización" que se basa en el sentido religioso del compromiso y la fidelidad, esperando que los consumidores se vuelvan los principales "predicadores" de las "bendiciones" de un producto y "conviertan" a otros a la "fe" en la marca - ¿Suena muy exagerado? Sólo hay que ver cómo los productos comenzaron a anunciarse como si la vida fuera a cambiar rotundamente con esa experiencia de consumo - un café ofrece "mejores mañanas", un jabón promete que "te vuelve a la vida", destapar aquel refresco es "destapar la felicidad", la almohada aquella te promete "descanso y alivio" - ofrecen experiencias de consumo como si fueran experiencias religiosas.
Pero es importantísimo advertir a esta generación que ningún bien material y ninguna experiencia de consumo podrá jamás brindarnos reposo real, completo y permanente. Apocalipsis 14.11 nos advierte que NO TIENEN REPOSO DE DÍA NI DE NOCHE los habitantes del mundo, aquellos que viven centrados en vivir una vida al calor del momento, debajo del sol, si considerar la eternidad - gobernados por una mente y una voluntad en rebelión contra Dios - No hay reposo en ese estilo de vida.
El pueblo de Dios no ha de pensar que en este mundo, en esta realidad actual, va a encontrar su reposo y su dicha mayor. Al contrario, los cristianos deben saber que "Todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos..." (1Jn.2.16-17).