Muchos idealizan el reposo como un escape de la realidad - de ahí la búsqueda de descanso o alivio en una experiencia de consumo breve e instantánea; una fiesta, tres días de vacaciones, una dosis que nos haga “volar”, una compra que nos produzca una intensa experiencia de consumo - pero esta clase de "reposo" es siempre una decepción,
El llamado de Dios a nuestras vidas es una invitación al reposo, pero no en nuestros términos ni según nuestra perspectiva distorsionada, vana y reducida, sino un verdadero reposo intenso y duradero.
A diferencia de los escapes y recreos que concebimos como "reposo" pero no son sino intentos frustrados de disimular la miseria y el vacío de la vida, Dios no se propone ayudarnos a escapar un momento para distraernos y luego volvamos a la misma vida sin sentido y sin dicha, sino que quiere llevarnos a un cambio de vida total.
La experiencia de Israel en el Éxodo es la misma que se repite en la vida de los redimidos de Cristo - de una vida marcada por la esclavitud, la idolatría y la muerte, como lo era Egipto - a una tierra prometida con abundante dicha y bienestar. Así mismo, el creyente en Cristo es llevado de la vanidad y perdición del mundo y la carne a la gloria del reino de los cielos, donde habrá paz, gozo y vida eterna en Cristo.
La actitud y proceder de Israel debe servirnos como advertencia; pues en su ignorancia e insurrección se mostraron incrédulos, albergaron idolatría, incurrieron en impaciencia y en consecuencia NO entraron al reposo ofrecido por el Señor.
Como cristianos somos peregrinos que hemos emigrado del pecado y la mundanalidad, camino a la tierra nueva y el reposo eterno; hemos de perseverar en el conocimiento y sometimiento de Cristo, poniendo toda nuestra confianza en él y mostrando constancia en serle fieles hasta que entremos al reposo prometido.
NOS FALTA REPOSO, PERO LO HALLAREMOS SOLO EN CRISTO
Porque somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio, (Heb 3.14)