A partir de la tragedia de Génesis 3, toda cultura ha fabricado sus dioses, ha edificado sus templos y ha establecido sus ritos - desde entonces no han cambiado mucho las cosas de una época a otra - llega una nueva era con nuevos dioses y nuevos templos; nuevos rituales y nuevos estilos de culto; pero siempre con el mismo patrón: paganismo y consumismo.
El paganismo se basa en un deseo; una búsqueda le mantiene activo: el CONTROL - el deseo del ser humano de tener el control, el capricho de autodeterminarse, la ilusión de ser independiente y soberano como si fuera dios.
El consumismo busca una sola cosa: SACIEDAD; encontrar la dicha plena, el placer que no se extinga; la felicidad que por fin sacie las ansias del alma.
Pero el control es un poder que no nos corresponde a los humanos, sino al Dios soberano que nos ha creado a Su imagen para ser afortunados súbditos suyos. Y el deleite se encuentra en la comunión bendita con este Dios que nos creó para él - todo lo contrario; la pretensión de hacernos del control y la fantasía de ser felices sin Dios es una distorsión de nuestra identidad y un proyecto destinado a fracasar.
Sólo Dios hace al hombre feliz; sin él la vida es nada, todo se acaba.