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Juzgar es un "pecado social" de nuestra cultura. "No me juzgues" es el reclamo de muchos. Tal parece que hacer un juicio, emitir una valoración o simplemente describir la realidad es ya un pecado social.

"Nadie es perfecto", "otros son peores", "quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra", "solo Dios puede juzgarme" y otras frases similares, son usadas para abolir el ejercicio del BUEN JUICIO.

Pero hay que decirlo, Dios no prohíbe juzgar, sino juzgar MAL. El juicio hecho desde la deshonestidad es el que debemos evitar, el veredicto injusto que no coincide con la verdad es el que la biblia reprueba. Pero emitir un veredicto, una opinión o un argumento basados en la verdad es algo legítimo y necesario. Porque ojos que no ven bien, terminan haciendo juicios incorrectos. Necesitamos, por lo tanto, discernimiento, integridad y justicia para usar bien el ojo y tener un sano juicio de las cosas y de nosotros mismos.

NO JUZGUÉIS, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. (Mat 7.1-2)