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Las cosas han cambiado mucho desde los tiempos de Jesús hasta nuestros días - los cerdos y los perros hoy califican como mascotas - se les recibe en casa y se les trata como parte de la familia. Pero en tiempos bíblicos, cerdos y perros distaban mucho de ser lindas mascotas.

En el contexto cultural del tiempo de Jesús, tanto los perros como los cerdos tenían connotaciones muy negativas, lo cual resalta el impacto de la frase "no deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos" (Mateo 7.6).

En la sociedad judía del primer siglo, los perros no eran generalmente vistos como animales domésticos o mascotas queridas, como a menudo se les ve hoy en día. En cambio, eran considerados animales impuros. La mayoría de los perros eran callejeros, carroñeros, y se asociaban con la suciedad y la impureza.

De manera similar, para los judíos, los cerdos eran el ícono de la impureza. El cerdo era un animal inmundo, y su consumo o contacto con él era considerado una grave violación de los mandamientos de pureza. Para los judíos, los cerdos eran el epítome de la impureza. La Ley Mosaica prohibía estrictamente el consumo de carne de cerdo (Levítico 11:7-8). El cerdo era un animal inmundo, y su consumo o contacto con él era considerado una grave violación de la pureza ritual. En tiempos de Jesús, los cerdos también representaban a los gentiles y las prácticas paganas. En la cultura judía, los cerdos eran asociados con prácticas religiosas no judías, y tener contacto con ellos era visto como una contaminación - incluso, los cerdos terminaron siendo símbolo de todo aquel que no fuera judío, por considerarlos personas fuera del pacto.

La comparación que Jesús hace al decir "no deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos" es muy fuerte y tiene una carga cultural significativa. Al utilizar estos animales como metáforas, Jesús está subrayando la absoluta falta de aprecio y el peligro de profanar lo sagrado cuando se ofrece a aquellos que no tienen la capacidad de valorarlo. Así como los perros y los cerdos no pueden apreciar el valor de lo santo y de las perlas, hay personas que no pueden apreciar o entender las enseñanzas del Reino de Dios.

Un corazón salvaje - rebelde y hostil a Dios solo puede tener ambiciones impuras; y por lo tanto no valorará el tesoro del evangelio. Jesús está enseñando a sus seguidores a discernir cuándo y a quién compartir las verdades sagradas del Evangelio. No todas las personas están en un estado adecuado para recibir y valorar las enseñanzas de Cristo. Las "perlas" representan las enseñanzas preciosas del Reino de Dios, y los "cerdos" y "perros" simbolizan a aquellos que rechazan, desprecian o no tienen la capacidad de apreciar estas verdades.

No se trata de un juicio condenatorio hacia las personas, sino de una llamada a la sabiduría en la misión de proclamar las buenas noticias de salvación - que son valiosas, son hermosas y liberadoras - pero no todos aprecian su grandioso valor.

No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen. (Mat 7:6)