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El motor de la vida cristiana NO ES LA GRATITUD - Servimos, adoramos y obedecemos CON gratitud, pero no POR gratitud.

Nuestro servicio, alabanza y obediencia a Cristo no son una retribución, ni los ejercemos en el intento de cooperar en algo con Dios - sino en la aspiración de más y más beneficios de Él.

La gratitud es un ingrediente de nuestra adoración - pero no el motor de nuestra adoración, ni de nuestro servicio, ni de nuestra consagración - Dios no espera una especie de favor, beneficio o patrocinio de nuestra parte. NO NOS NECESITA, NI NECESITA NADA DE NOSOTROS.

Pero si en verdad él no nos necesita ni le podemos otorga nada, ¿Cómo entendemos los llamados de Dios a su pueblo a ofrecerle SACRIFICIOS? ¿Y cómo es que tenemos que ofrecernos a Dios como "sacrificio vivo" sin que esto signifique que le damos algo o que él recibe algo de nuestra parte?

Entre otras cosas, podemos comenzar por dejar en claro que los sacrificios de Israel no eran para nada semejantes a los sacrificios mayas o aztecas. En los sacricifios prehispánicos había violencia, muerte y trato sanguinario; la gente era sacrificada a dioses falsos en un ambiente de terror y opresión. En cambio, en los sacrificios de Israel había fiesta; no morían los humanos, sino los animales - y terminaba siendo un banquete de gozo y celebración en honor al Dios benefactor. Presentarnos "como sacrificio" a Cristo no significa penitencia, sadismo, afectación o pérdida - sino fiesta, celebración y comunión con el Dios que bendice y salva.

En las religiones paganas, los dioses necesitan de sus creyentes y demandan sacrificios humanos - en la religión Cristiana, El Dios que no nos necesita, desciende a bendecirnos, a redimirnos y a darnos vida; nos invita a una mesa de comunión y ofrece ser nuestro eterno benefactor.

¿Pero qué decimos de las ocasiones en que la biblia nos llama a SERVIR A DIOS? Si es verdad que no le damos nunca nada a Dios y que él no nos necesita, ¿Cómo interpretamos estos llamados a "servir" a Dios?

Tendrás que escuchar este episodio para tener la explicación completa a estas preguntas.

»Si yo tuviera hambre, no te pediría de comer, pues soy el dueño del mundo y de todo cuanto hay en él. ¿Acaso crees que me alimento con la carne de los toros, y que bebo sangre de carnero? ¡Yo soy el Dios altísimo! ¡Mejor tráeme ofrendas de gratitud y cúmpleme tus promesas! ¡Llámame cuando tengas problemas! Yo vendré a salvarte, y tú me darás alabanza» Salmo 50:12-15