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La idea de tomar decisiones basados en la conveniencia puede parecer inapropiada - "no seas convenenciero" nos dice la gente, "se casó por conveniencia" acusan a quien llegó al altar con expectativas altas, "tú me obedeces solo porque te conviene" le dice una mamá a su hijo.

Sin embargo, aunque es verdad que debemos desechar el egoísmo, la avaricia y la manipulación; la CONVENIENCIA no debiera ser considerarse como un sinónimo de estos males. Uno podría escoger lo que le conviene sin ser egoísta, también se puede tomar la decisión más conveniente sin incurrir en manipulación o avaricia.

Después de todo ¿Dónde terminas haciendo las compras, si no donde más te conviene? ¿Qué motivos hay para obedecer las reglas y guardar el orden, si no es porque que conviene al bien común (además de librarnos de problemas)? ¿Quién se casaría con una persona que no le conviene? Y así, el estudiante hace su mejor esfuerzo en busca de su conveniencia - igual que el trabajador realiza sus labores pensando en su conveniencia.

Entonces, el problema es que muchas veces NO sabemos lo que realmente conviene; y por eso terminamos tomando decisiones equivocadas, relacionándonos con personas dañinas, desperdiciando tiempo valioso y persiguiendo lo que no vale la pena - si tan solo hubiéramos sabido lo que nos conviene, nos habríamos ahorrado lamentos y pérdidas.

¿Y con Dios? ¿Y en la religión? ¿Es válido involucrar la conveniencia en asuntos de nuestra fe? ¿Es legítimo preguntarnos si este Dios que adoramos nos conviene? He ahí la sorpresa de la fe cristiana; es una invitación a preguntarnos si el camino que transitamos realmente nos conviene - Cristo mismo es el que nos confronta y nos hace preguntarnos ¿A dónde te lleva esa puerta? ¿Dónde acabarás si tomas ese camino? ¿En qué estás invirtiendo la vida? ¿Cuánto de eso vale la pena?

La vida cristiana comienza cuando nos damos cuenta que Cristo es lo que más nos conviene.

Quien prefiere una cisterna rota en lugar de un manantial de agua viva, no sabe lo que le conviene.

Quien se desvive por algo que no sacia no sabe lo que realmente le conviene.

Oh, sí - Jesucristo es aliado de nuestra conveniencia, bajó del cielo a desenmascarar lo falso y lo vano y a decirnos "VEN A MÍ" por que solo él es el Dios que conviene - el Dios verdadero, el Dios benefactor.

...me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua. (Jer 2.13)

Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. (Jn 6.27)