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La lucha contra la carne no ocurre principalmente el domingo en el templo, sino en la cotidianeidad; en nuestras relaciones.

El peleonero, la rencillosa, los envidiosos, el chismoso, la intrigosa, los violentos ¿Qué tienen en común todos ellos? Que son guiados por la carne y que terminan intoxicando sus relaciones.

ENEMISTADES, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, HOMICIDIOS,

(Gal 5.20-21) - En nueve palabras, Pablo expone todo un catálogo de toxicidades a nivel de relaciones.

Comenzando con el odio (enemistades) y cerrando con el asesinato (homicidios), dentro de ese espectro cae "don gruñoncito" (pleitos), ahí también está el pensamiento "quiero lo que tienes" (celos), ahí está la que dice "no me toques porque exploto" (iras) y el que siempre discute "yo puedo más, tú no me ganas" (contiendas), ahí está la chismosa que siembra intrigas (disensiones) y el que demanda aliados de su forma de pensar (herejías), junto al que reclama "me molesta tu brillo" (envidias) - todos estos, vicios y males que conforman la lotería de las relaciones tóxicas.

Mucho de esto hay en nosotros, nuestro carácter adolece de estos males, pero por el poder del Espíritu Santo, podemos ser limpiados de estos pecados y ver transformadas nuestras relaciones.

No es cosa fácil, pues requiere romper patrones de conducta a los que hemos estado acostumbrados; gritar, agredir, alardear, ironizar, calumniar y pelear - cosas comunes de la vida sin Cristo que ahora estamos llamados a abandonar.

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Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno... (Col 3.8-10)