Gran parte de la vida cristiana consiste en darnos cuenta de que el pecado tiene múltiples formas; a nivel de raíz y a nivel de fruto; y aunque muchos pecados son evidentes por lo grotesco de su maldad y perversidad, otros permanecen escondidos al amparo de la "normalidad", en forma de hábitos y costumbres que no consideramos tan dañinos o tran graves, o quizá los hemos justificado con aquello de "no le hago mal a nadie" o "el vecino hace cosas peores" - Pero si de verdad la luz del evangelio ha brillado en nosotros, no podrémos mantener en tinieblas ninguna habitación o aspecto de nuestra vida - Dios quiere operar un cambio total, una santificación a fondo, eliminando aquello que a todas luces es vano, profano, blasfemo y sucio - Y también barriendo con todo aquello que excusamos de inofensivo y pequeño, pero que igualmente dehonra a Dios y estorba nuestro andar en santidad.
Es que Cristo no acostumbra barrer el polvo debajo de la alfombra ni arrumbar cachibaches en una bodega; el quiere hacer LIMPIEZA COMPLETA.
Así que saquen TODO el mal de su vida: pecados sexuales, inmoralidades, malos pensamientos, malos deseos y codicia, que es una forma de adorar ídolos. Todo esto hace que Dios se enoje con los que son desobedientes. Eso era lo que hacían ustedes ANTES, cuando llevaban una vida mala. Pero AHORA, quiten de su vida TODO esto: el enojo, la ira, la maldad, los insultos y las malas palabras. No se mientan unos a otros porque ya se DESPOJARON del antiguo ser humano que eran y del mal que hacían. Ustedes se han revestido de una NUEVA forma de ser. Dios los está haciendo NUEVOS a imagen de aquel que los creó hasta que lleguen al PLENO conocimiento de él.
{Colosense 3:5-10}