Jesucristo, el Hijo de Dios, comenzó su ministerio predicando "El reino de los cielos se ha acercado" - Él entró en la historia como Rey - A David se le prometió la llegada de un rey, Daniel profetizó sobre la venida de un rey perpetuo, los magos llegaron preguntando ¿Dónde está el rey? - incluso, en su cruz había un letrero que decía "He aquí el rey..."
El es salvador, sí - redentor de pecadores, consuelo a los afligidos, intercesor a favor de los transgresores, perdonador de los infractores - pero primero, sobre todas las cosas, ÉL ES REY.
Una vez que se le reconoce como tal, como Señor y Soberano, como Dueño y Capitán, entonces podemos apelar a su generosidad y solidaridad pidiéndole que nos perdone y redima, que nos ampare y fortalezca - pero todas las bendiciones que podamos recibir de Cristo como REDENTOR, están condicionadas a que le rindamos primero alma, mente y corazón con humildad y devoción, reconociéndolo como REY y SEÑOR.
Todo aquel que no se rinda a Su SEÑORÍO, que desprecie Su AUTORIDAD y que se oponga a Su VOLUNTAD, será considerado enemigo de Su reino; rebelde y opositor a Su DOMINIO y por lo tanto, merecedor de todo castigo y furia - pues Cristo no bajó a suplicar caridad ni a solicitar colaboración - él vino a demandar sometimiento y rendición, a establecer Su reino de justicia y paz; y la oferta (extraordinaria oferta) de su reino es que los súbditos de su señorío son salvos por gracia - que quede bien claro; solo los SÚBDITOS del Rey serán SALVADOS por el Rey.
"Porque Cristo para esto murió, y resucitó, y volvió á vivir, para ser SEÑOR así de los muertos como de los que viven" (Romanos 14.9)