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La coherencia o claridad de las Sagradas Escrituras, también conocida como la doctrina de la perspicuidad, sostiene que las enseñanzas fundamentales y necesarias para la salvación y la vida cristiana son tan claras y comprensibles en la Biblia que incluso un lector común, sin necesidad de un entrenamiento teológico avanzado, puede entenderlas si se acerca al texto con fe y humildad. Esta doctrina no niega que algunas partes de la Biblia son difíciles de entender, pero afirma que los aspectos esenciales del mensaje de Dios están claramente expuestos. A continuación, exploramos cómo esta claridad se manifiesta y se aplica en la lectura y estudio de las Escrituras.

1. Leamos las Escrituras en CONTEXTO

Para captar la claridad de la Biblia, es esencial leer las Escrituras en su contexto. Esto significa que no debemos tomar versículos aislados para construir doctrinas o prácticas, sino que debemos considerar el entorno literario, histórico y cultural en el que fueron escritos. Leer en contexto implica entender los versículos dentro del capítulo, el libro y el testamento al que pertenecen, así como en la totalidad de la Biblia. Por ejemplo, la famosa declaración de Jesús en Mateo 7:1, "No juzguéis, para que no seáis juzgados," cobra su verdadero significado cuando se lee en el contexto del Sermón del Monte, donde Jesús instruye sobre la hipocresía y el discernimiento.

2. Conozcamos la INTERTEXTUALIDAD de las Escrituras

La Biblia es una colección de 66 libros que, aunque escritos por diferentes autores a lo largo de siglos, presenta una coherencia y unidad asombrosas. Esta intertextualidad, o la relación entre diferentes partes de la Biblia, es clave para entender su claridad. Los autores bíblicos a menudo citan o aluden a otros pasajes, estableciendo conexiones que enriquecen el significado del texto. Por ejemplo, el Nuevo Testamento está repleto de citas y referencias al Antiguo Testamento, como en Hebreos 11, donde la fe de los patriarcas es conectada con la fe en Cristo. Entender esta red de referencias cruzadas nos ayuda a ver cómo toda la Escritura habla de un solo propósito redentor.

3. Aprovechemos las diversas TRADUCCIONES

Dado que la Biblia fue escrita originalmente en hebreo, arameo y griego, las traducciones modernas juegan un papel crucial en nuestra comprensión del texto. Existen múltiples traducciones de la Biblia, y cada una ofrece una perspectiva única debido a las diferencias en estilo, enfoque y fidelidad al texto original. Al comparar distintas traducciones, podemos obtener una comprensión más rica y matizada de las Escrituras. La diversidad en las traducciones no disminuye la claridad de la Biblia; al contrario, nos permite ver con mayor profundidad las verdades que Dios ha revelado.

4. Tratemos la Biblia como un LIBRO.

La Biblia es un libro, el Libro por excelencia, y debe ser tratada como tal. No es un amuleto que asegura bendiciones mágicas ni un código secreto que solo los iluminados pueden descifrar. Leer la Biblia como un libro significa abordarla con la misma seriedad y método que aplicaríamos a cualquier otro texto: con atención a su gramática, estructura, y estilo literario. Sin embargo, es más que un libro humano; es la Palabra de Dios, y por ello, debe ser leída con reverencia y un corazón dispuesto a escuchar y obedecer.

5. Encontremos a CRISTO en toda la Biblia

Uno de los principios más fundamentales para entender la claridad de las Escrituras es que toda la Biblia, desde Génesis hasta Apocalipsis, apunta a Cristo. Jesús mismo declaró en Lucas 24:27 que todas las Escrituras hablaban de Él. Encontrar a Cristo en toda la Biblia no es una tarea esotérica, sino el enfoque adecuado para interpretar las Escrituras con claridad. Desde las promesas en el Antiguo Testamento hasta su cumplimiento en el Nuevo, la Biblia revela el plan de redención de Dios a través de su Hijo, Jesucristo.

¡Qué libro tan especial!

La doctrina de la perspicuidad de las Escrituras nos asegura que la Biblia es clara en sus enseñanzas fundamentales y que, con el debido respeto y diligencia, podemos comprender lo que Dios nos ha revelado. Para leer la Biblia de manera que aprovechemos esta claridad, debemos hacerlo en su contexto, entendiendo su intertextualidad, aprovechando las traducciones, tratándola como un libro con autoridad, y buscando a Cristo en todas sus páginas. Como nos enseña la pregunta 157 del Catecismo Mayor de Westminster: “Las Santas Escrituras deben leerse con estimación alta y reverente del valor de ellas, con la persuasión firme de que son la verdadera palabra de Dios y de que sólo él puede capacitarnos para entenderlas; con el deseo de conocer, creer y obedecer la voluntad de Dios revelada en ellas, con diligencia y atención tanto al contenido como a la extensión; con meditación, aplicación, abnegación y oración.” Que nuestra lectura de la Biblia refleje esta profunda devoción y reverencia.