En la tradición reformada, la Biblia es vista no solo como una fuente de información sobre Dios, sino como el instrumento vital a través del cual Dios mismo nos comunica su voluntad y nos conduce a la salvación. La necesidad de las Escrituras radica en que, sin ellas, estaríamos en completa oscuridad respecto a la naturaleza de Dios, su plan de redención y nuestra propia condición espiritual. No podríamos conocer el camino hacia la vida eterna ni las demandas de Dios sobre nuestras vidas. La utilidad de las Escrituras, por otro lado, se manifiesta en su capacidad para guiar, consolar, alimentar y transformar a los creyentes. La Biblia no es un libro de consulta ocasional; es la base de nuestra fe y la guía esencial para nuestra vida diaria.
1) Luz en las Tinieblas
El mundo en que vivimos está lleno de oscuridad: oscuridad moral, espiritual y existencial. Sin la luz de la Palabra de Dios, nos encontraríamos completamente perdidos, incapaces de discernir el bien del mal, la verdad del error. El salmista proclama: "Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino" (Salmo 119:105). Las Escrituras nos proporcionan la luz que necesitamos para caminar con seguridad en medio de la confusión de este mundo, revelándonos la verdad de Dios y guiándonos hacia la vida eterna.
2) Alimento Espiritual
Así como nuestros cuerpos necesitan alimento para vivir, nuestras almas necesitan ser nutridas espiritualmente. Jesús, citando el Deuteronomio, dijo: "No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mateo 4:4). Las Escrituras son el manantial de alimento espiritual que nos fortalece, nos sostiene en tiempos de prueba y nos ayuda a crecer en la fe. A través de la lectura, meditación y aplicación de la Palabra, recibimos el sustento necesario para vivir vidas que glorifican a Dios.
3) Referente de Conducta
En un mundo donde los estándares morales cambian constantemente, las Escrituras permanecen como el único referente fiable de conducta. La Biblia es "útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia" (2 Timoteo 3:16), ofreciéndonos un marco moral claro y estable al cual debemos conformarnos. Nos enseña cómo vivir de manera que agrada a Dios y nos guía en nuestras decisiones diarias, ayudándonos a caminar en rectitud y justicia.
4) Certeza en las Promesas
Las Escrituras son un depósito de las promesas fieles de Dios. A lo largo de la Biblia, encontramos las garantías de Dios de su presencia, provisión, protección y, sobre todo, de la salvación en Cristo. Estas promesas nos ofrecen certeza y esperanza, incluso en los momentos más oscuros de nuestra vida. Sabemos que Dios cumple lo que promete, y en su Palabra encontramos el fundamento seguro para nuestra esperanza eterna.
5) La Verdad Nos Hace Libres
Jesús dijo: "Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres" (Juan 8:32). La verdad revelada en las Escrituras tiene el poder de liberarnos de las cadenas del pecado, la ignorancia y el engaño. Nos libera de la esclavitud a las pasiones desordenadas y nos capacita para vivir en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Esta libertad no es un libertinaje, sino la capacidad de vivir en obediencia a Dios, conforme a su voluntad revelada en las Escrituras.
¡Gracias a Dios por su libro!
La Biblia, en su totalidad, es necesaria y útil para la vida del creyente. Nos ilumina en la oscuridad, nos alimenta espiritualmente, nos guía en la conducta, nos asegura en las promesas y nos libera por medio de la verdad. Como enseña el Catecismo Mayor de Westminster, "El Espíritu de Dios hace de la lectura de la palabra, y especialmente de la predicación de ella, un medio eficaz para iluminar, convencer y humillar a los pecadores, sacándolos de sí mismos y conduciéndolos a Cristo, conformándolos a su imagen y subyugándolos a su voluntad; fortaleciéndolos contra las tentaciones y corrupciones, edificándolos en su gracia y afirmando el corazón de ellos en santidad y consuelo por medio de la fe para salvación." Que las Escrituras, entonces, sean para nosotros ese medio eficaz de gracia, guiándonos y sosteniéndonos hasta el día en que veamos a Cristo cara a cara.