SANTO, SANTO, SANTO - proclaman día y noche las criaturas celestiales.
Aquel que está sentado en el trono inconmovible es sublime y admirable; no corrupto ni fraudulento, sino justo y verdadero. Temible en poder y terrible en Su castigo - pero misericordioso y benévolo con sus súbditos.
A causa del pecado es normal y sentato temblar ante aquel que aborrece la iniquidad y abomina la desobediencia - pero por la sangre del Cordero, el Dios Santo es también el Padre misericordioso y tierno. Él nos lava del pecado, Él nos regenera y nos redime de toda corrupción, Él nos hace santos porque Él es Santo.
Dios no negocia su SANTIDAD; Él hará que todas las cosas eternamente sean reflejo de su carácter SANTO. Si el Rey es Santo, en su reino ha de imperar la SANTIDAD.
Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy SANTO... (Lev 11.44)
Adorad a Jehová en la hermosura de la SANTIDAD; Temed delante de él, toda la tierra. Decid entre las naciones: Jehová REINA (Sal. 96.9-10)