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"No os embriaguéis con vino, antes sed llenos del ESPÍRITU de Dios" - Un borracho tiene la mente adormecida, los sentidos atrofiados, la voluntad cautivada por el vicio, de su boca salen tonterías y sus acciones son desde ridículas hasta peligrosas.

La obra del Espíritu Santo es redentora; libera la mente, renueva la voluntad, fortalece el carácter, despierta apetitos santos, restaura el alma y sacia el ser completo.

El Espíritu Santo nos sostiene con su poder, nos gobierna de manera que cumplamos la ley de Dios, nos apacienta con la Palabra de verdad y nos transforma en santificación.

Señales de que alguien está embriagado son su torpe caminar, su esclavitud al vicio y su boca inmunda. 

Síntomas de alguien guiado por el Espíritu de Dios son su andar en obediencia, su hambre de la verdad y su adoración continua y ferviente - con salmos, himnos y cánticos espirituales.

No se embriaguen, pues no se podrán controlar; más bien dejen que el Espíritu Santo los llene y controle. Así hablarán entre ustedes con salmos e himnos y cantos espirituales, y elevarán al Señor alabanzas y cantos de todo corazón.

Efesios 5.18-19

En cambio, este es el fruto que el Espíritu produce en nosotros: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas.

Gálatas 5.22-23