SIN MIRAR ATRÁS
La vida cristiana es una jornada marcada por el llamado a la piedad, entendida como devoción, fervor y consagración a Dios. En su segunda epístola, el apóstol Pedro nos exhorta a añadir piedad a nuestra fe como una virtud indispensable (2 Pedro 1:6). Este llamado no es opcional, sino una manifestación de nuestra unión con Cristo y un reflejo de nuestra esperanza eterna. "No mirar atrás" significa vivir con la mirada fija en Cristo, avanzando en nuestra devoción a Dios con perseverancia, urgencia e integridad.
1. Piedad es Perseverancia: Buscar a Dios Continuamente
La piedad no es un acto aislado, sino un hábito constante. Pedro nos llama a confirmar nuestra vocación y elección a través de una vida que no cesa en buscar a Dios (2 Pedro 1:10). Esta perseverancia implica reconocer que nuestra fortaleza para vivir piadosamente proviene de Su poder divino, que nos ha dado "todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad" (2 Pedro 1:3).
Vivir piadosamente significa no desmayar ante los desafíos, sino avanzar con la certeza de que Dios obra en nosotros para cumplir Su propósito. La perseverancia en la piedad es evidencia de una fe viva y de un amor genuino por nuestro Salvador.
2. Piedad es Urgencia: Buscar a Dios Prioritariamente
Pedro advierte acerca de los falsos maestros y el peligro de ser arrastrados por doctrinas que desvían nuestra atención (2 Pedro 2:1-3). Por ello, la piedad demanda urgencia: debemos priorizar nuestra búsqueda de Dios por encima de todas las cosas.
El cristiano que vive piadosamente reconoce que la comunión con Dios no puede esperar. Cada día, al enfrentar la tentación de priorizar lo temporal sobre lo eterno, debemos recordar las palabras de Pedro: "Pero vosotros, amados, sabiendo esto de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos caigáis de vuestra firmeza" (2 Pedro 3:17).
Buscar a Dios urgentemente refleja un corazón que entiende la brevedad de la vida y la inminencia del regreso de Cristo.
3. Piedad es Integridad: Buscar a Dios Completamente
La piedad no admite una devoción dividida. Pedro nos insta a vivir "en santa y piadosa manera de vivir" mientras esperamos la venida del Señor (2 Pedro 3:11). Esto significa que toda nuestra vida, en pensamiento, palabra y obra, debe estar consagrada a Dios.
La integridad en la piedad implica rechazar la hipocresía y vivir de acuerdo con la verdad del evangelio. Así como Pedro describe a los falsos maestros como aquellos que "tienen el corazón ejercitado en la avaricia" (2 Pedro 2:14), los creyentes piadosos deben cultivar un corazón ejercitado en justicia y santidad, buscando a Dios completamente.
“NO VUELVO ATRÁS”
El llamado a la piedad es un llamado a "no mirar atrás", sino a avanzar con perseverancia, urgencia e integridad hacia la meta de nuestra vocación en Cristo Jesús. Sin embargo, esta perseverancia no es una obra que realizamos en nuestras propias fuerzas. Pedro nos recuerda que es Dios quien nos ha llamado por Su gloria y excelencia, y que Su Espíritu Santo nos capacita para vivir piadosamente (2 Pedro 1:3).
Que nuestras vidas sean un continuo crecer " en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo" (2 Pedro 3:18), y que caminemos en piedad, no mirando atrás, sino firmes en la esperanza que Él nos ha dado.