Incierto, temible, accidentado, fortuito, peligroso - así luce el mañana cuando intentamos hacer los cálculos pensando en cómo haremos para tenerlo bajo nuestro control.
Pero la clave para ser libres de la ansiedad y el temor que emergen de la incertidumbre sobre el futuro es esta: necesitamos reconocer que el mañana no está, nunca ha estado y no va a estar bajo nuestro control.
Sí, en cada jornada de esta vida hay una realidad que afrontar: CADA DÍA TRAERÁ SU PROPIO MAL, pero tenemos una confesión que hacer: NOS FALTA FE - Pero también hay algo que debemos recordar: FUIMOS ADOPTADOS POR GRACIA; y en ese consuelo y bendición hemos de ocuparnos de atender una prioridad: BUSCAR PRIMERAMENTE EL REINO DE DIOS.
Es Dios; soberano y providente; todo poderoso y excelso en sabiduría quien controla cada detalle y segundo del mañana - nada se le escapa, nada se le sale de control; nunca le sorprende un inconveniente, pues todo ocurre bajo su dominio - sin casualidades, sin casualidades, sin improvisaciones. Todo está bien en sus manos. A nosotros nos toca confiar en su providencia, someternos a su autoridad y esperar en él - hacer todo lo que nos viene a la mano, según nuestras fuerzas, pero descansar de afanes y ansiedades. El Dios que dirige la creación desde el principio, sostiene el mañana en su misericordia y bondad.
SEÑOR, tú eres mi alimento, lo único que poseo de valor y la copa de la que bebo. ¡Mi futuro está en tus manos! Salmo 16.5 PDT