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Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. (Mat.5:7)

Si alguna vez te sientes humillado, ofendido o menospreciado, si llegas a pensar que te mereces un trato mejor del que recibes de las personas; sólo recuerda que alguien ya recibió el peor de los tratos en tu lugar.

Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen… (Mat.5:43-44)

Si Cristo no es tu SEÑOR y si Dios no han creado un nuevo corazón en ti, entonces, de acuerdo, pórtate como el resto del mundo – no has conocido a Dios, y por lo tanto no conoces el amor - no se te puede pedir lo que no puedes dar. Pero si el Hijo de Dios te ha otorgado su gran perdón, su gran amor y su infinita misericordia; entonces este Rey y Salvador demanda que sus súbditos igualmente compartan la misericordia que han recibido de parte de su Señor.

Clemente y misericordioso es Jehová, Lento para la ira, y grande en misericordia. Bueno es Jehová para con todos, Y sus misericordias sobre todas sus obras.  (Sal.145:8-9)

Si una deuda tan grande nos has sido perdonada, sí pecados tan horrendos y perversos han sido clavados en la cruz de Cristo, quien por misericordia se entregó en nuestro lugar - entonces extender misericordia hacia las demás personas no debería ser tan difícil.

Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios. (Miq.6:8)

La misericordia tiene límites, claro que sí – no puede comprometerse la verdad ni torcer la justicia en nombre de la misericordia; tampoco se debe sonsacar la impunidad ni aplaudir el pecado en nombre del amor – pero siempre debe haber lugar para la compasión y la solidaridad hacia quienes viven en la mentira del pecado, quienes sufren la miseria de la vida e incluso para nuestros adversarios.

La abundante misericordia que nos ha sido dada en Cristo nos debe mover a mirar al desvalido y al descarriado con caridad – no con altivez de corazón, pues siendo nosotros mismos pecadores salvos por gracia somos indignos de ensoberbecernos ante quien peca de manera diferente a la nuestra. Antes bien, hemos de ser solidarios – anunciarles a Aquel que con su sangre puede lavar las impiedades de quienes claman su perdón y demostrar por nuestras acciones que nos regimos por una norma muy diferente a la del mundo; no por méritos, no con orgullo – sino dando de gracia lo que por gracia hemos recibido.

Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas. (Mat.7:12)