El evangelio tiene un sabor AGRIDULCE - Es un sabor amargo, pues nos comunica la verdad a cerca de nuestra terrible condición, nuestro grave problema y nuestro espantoso destino debido a la culpa del pecado.
Pero así mismo es DULCE pues nos revela el amor, la misericordia y la gracia de Dios al proveernos en Cristo la salvación que necesitamos.
El cristianismo no es un escape de la realidad, ni una negación de ella - sino la solución para trascender a la miseria y oscuridad de nuestra condición camino a una eternidad de gozo y dicha.
Por eso mismo, a pesar de lo amargo que puede ser el tiempo de espera y lo difícil que pueda ser nuestro trayecto, hay esperanza, consuelo y paz en Cristo.
¿Cuál es tu único consuelo tanto en la vida como en la muerte?
Que yo, con cuerpo y alma, tanto en la vida como en la muerte, no me pertenezco a mí mismo; sino a mi fiel Salvador Jesucristo, que me libró del poder del diablo, satisfaciendo enteramente con preciosa sangre por todos mis pecados, y me guarda de tal manera que sin la voluntad de mi Padre celestial ni un solo cabello de mi cabeza puede caer antes es necesario que todas las cosas sirvan para mi salvación. Por eso también me asegura, por su Espíritu Santo, la vida eterna y me hace pronto y aparejado para vivir en adelante según su santa voluntad.