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A diferencia de las religiones paganas, donde los fanáticos son los benefactores de los dioses, el DIOS verdadero NO TIENE NECESIDAD DE NADA -  El gran YO SOY no nos redime porque le resolvamos alguna necesidad personal, ni porque llenemos algún vacío o representemos alguna ventaja para Él. 

El Dios del pacto es siempre benefactor de su pueblo; proveedor, protector, salvador, guía y refugio, fuerza y consuelo, perdonador y pastor de su rebaño. 

Este pacto no representa un "ganar-ganar" donde intercambiemos con Dios algún beneficio mutuo, como si se tratara de un contrato de conveniencias - el pacto es una ALIANZA de gracia en que los redimidos somos afortunados súbditos de un SEÑOR benefactor; soberano y misericordioso; supremo y solidario, santo y sacrificial. 

Bendice, alma mía, al Señor, Y bendiga todo mi ser su santo nombre.

Bendice, alma mía, al Señor; Y no olvides ninguno de sus BENEFICIOS.

Salmo 103.1-2