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No podemos estar más unidos de lo que ya estamos en Cristo. 

Al ser redimidos de Cristo compartimos una misma fe, una misma lealtad al Señor que nos amó y se sacrificó por nosotros; una misma pertenencia a aquel que con su sangre nos ha comprado; una misma lealtad al Rey bondadoso y todo soberano - una misma afiliación a la familia de los rescatados, al rebaño de Dios y al campamento de los santos. 

En otras cosas podremos diferir, pero son motivos insignificantes que no pueden ni deben dañar nuestra unidad; mansedumbre, humildad, tolerancia y perseverancia son actitudes que nos mantendrán viviendo en armonía como iglesia de Cristo.

...Os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz;  un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación;  un Señor, una fe, un bautismo, 6 un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos.

Efesios 4.1-6