Mucha gente, en medio de sus aflicciones y problemas, se autopredica cosas como estas:
"Dios les da las batallas más difíciles a sus mejores soldados"
"La aflicción nos purifica, el dolor es bueno"
"Cuando ejercemos la fe, siempre vivimos en victoria"
¿Pero acaso estas frases son verdaderas? ¿Es esta la forma de afrontar las calamidades del día a día?
¿Qué te predicas a ti mismo?
Es fácil ver cómo las cosas buenas de la vida pueden ser oportunidades para gozar de Dios. Pero ¿qué de las adversidades? ¿Qué de los embotellamientos de tráfico? ¿Qué de los bebés que gritan? ¿Qué de las enfermedades crónicas? ¿Qué de las noches de insomnio? ¿Qué de los jefes descabellados? ¿Qué del conflicto personal? ¿Qué de las promesas rotas? ¿Qué de los vecinos fastidiosos? ¿Qué de las esperanzas frustradas?
Lo que nos decimos a nosotros mismos en estas y otras circunstancias determinará si acabamos el día amargados, desconsolados y ansiosos, o si a pesar de todo podemos descansar en la suave almohada del consuelo Divino, reposando en el reconfortante lecho de la providencia y cobijados por la fresca sábana de la esperanza cristiana.
¿Cuál de estas realidades debes predicarte ahora mismo?
- Cristo reina y conoce mi condición
- He recibido muchos beneficios
- La aflicción llegará, pero la ayuda de Dios también
- Soy polvo, no soy de acero
- No estoy pagando nada, Cristo ya pagó por mi
- Estoy siendo entrenado día a día
- Mi obediencia no se negocia; seré fiel a Cristo
BENDICE ALMA MÍA AL SEÑOR (Sal.103)