Como amigos, hermanos o buenos vecinos, queremos brindar palabras de ánimo y consuelo a quienes atraviesan dificultades y calamidades.
Pero hay palabras y expresiones que aunque suenan optimistas y cordiales, son en realidad falsos consuelos que incluso empeoran la ansiedad o frustración de aquellos a quienes las decimos.
"Dios te está preparando para una misión especial"
"Dios manda las pruebas más difíciles a sus hijos más fuertes"
"Si tienes fe, todo se solucionará"
"Luego de esta racha de vacas flacas, vendrá una de vacas gordas"
"Todo pasa por una buena razón"
"Dios hará que todo se resuelva pronto"
¿Qué tienen en común estas "frases de consuelo"? - Pues que plantean una esperanza que se fundamenta en el "tal vez", "a lo mejor"- son una especie de pensamiento mágico fundado en el optimismo pero de lo cual no hay garantía.
Ante las adversidades de la vida no necesitamos falsos consuelos ni palabras motivacionales, sino una esperanza realista y segura.
Jesucristo fue muy claro al decir "en el mundo tendréis aflicción" - no minimizó la realidad de la miseria humana, ni escondió la verdad: "cada día traerá su propio mal". Pero así mismo, nos dejó un consuelo firme y seguro: "ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro".
(Rom 8.38-39)